¿Qué es lo siniestro?
Voz del latín sinister "izquierdo", alterado vulgarmente en "sinexter", por influjo de su opuesto "derecho". Su significado evolucionó de "izquierdo" a "funesto" por el mal agüero que daba la aparición de aves por el lado izquierdo de las casas.
Tradicionalmente, hablar en la literatura de lo siniestro es discutir todo aquello que nos puede causar extrañeza o miedo, situaciones que son contrarias a lo conocido y que se extienden más allá de una simple explicación. En sí mismo, lo siniestro es la antítesis de lo confiable, todo lo inusual e intranquilo es siniestro; de aquí que la noche muchas veces haya sido uno de sus símbolos más representativos.
Por ejemplo, en la infancia, el vacío y la oscuridad han sido incentivos comunes para la imaginación, facilitando que nuestros miedos reciban explicaciones fuera de las leyes de la naturaleza. En las fabulas para niños lo siniestro se instaura en espacios comunes pero oscuros: El crujir de la puerta del armario, pasos lejanos en el ático o un ruido debajo de la cama, convirtiendo el temor en “una sospecha”, la duda de que algo pueda pasar, el temor de que algo insólito se presente, la expectativa sobre un suceso del cual no se sabe qué esperar.
Para que el temor sobre una duda se haga real, debemos mantener este elemento siempre como una incertidumbre. El hecho es jamás saber qué nos asusta, el poder verlo o distinguirlo lo convierte en un definible y controlable miedo, pero lo siniestro no se desarrolla en los esclarecimientos, el concepto de lo “siniestro” vive en la especulación, desconfiar todo el tiempo como lectores sobre lo que pueda o no llegar a pasar.
En 1919, Sigmund Freud publicó un artículo titulado “Lo Siniestro”, donde planteaba que el término debe entenderse como aquello que se debería haber encontrado oculto y que salió a la luz; o en otro de los casos, como algo que es familiar y hasta confiable pero que en un determinado momento se nos vuelve desconocido y extraño.
La postura de Freud se basó principalmente en obras tradicionales en donde los personajes padecieran conductas nerviosas. Por ejemplo, en el relato “El Arenero” del autor Ernest T. A. Hoffman, Freud examinó particularmente el comportamiento neurótico que sufre el pequeño Nathaniel, personaje principal del cuento; pero que más allá de socializar este tipo de temperamentos, el autor trataba de demostrar era como los pensamientos inesperados o los temperamentos sin dirección daban mayor sentido a lo que hoy damos el nombre de siniestro, algo que está oculto en nuestra mente, un miedo de la infancia que hemos olvidado y que vuelve a hostigarnos.
Para Freud lo siniestro es lo que está ligado a lo inhóspito, a lo extraño; aquello que poco a poco deja de ser familiar para volverse infrecuente, oscuro y raro. Este concepto se encuentra muy alejado de lo que normalmente se acostumbró a considerar como siniestro (Aires de mal augurio, situaciones funestas o malintencionadas). Freud refuta la comparación de lo siniestro o extraño con lo insólito, y en cambio, lo aproxima más con lo inquietante.
En la literatura, lo siniestro se empieza a dar en el momento en que los límites de la realidad se confunden con la fantasía, justamente cuando aquello que habíamos asumido como fantástico supera el puente de lo real, de lo explicable.
Tomando ahora un autor español que también ha estudiado por años el tema de lo siniestro, Eugenio Trías, en su libro “Lo bello y lo siniestro”, hace una relación con uno de los puntos planteados al principio: lo siniestro es condición y es límite, debe estar presente bajo una forma de ausencia, debe ser invisible, no puede ser desvelado. Es fuente de poder de la obra artística, parte de su magia, misterio y fascinación, fuente de su capacidad de sugestión y de arrebato. Trías se plantea, cuánto hay de siniestro detrás de la belleza, o cómo lo bello esta velando el caos de lo siniestro.
Así, Para Trías toda obra dejaría de ser bella si no se pudiera intuir lo siniestro en el fondo, esto compone la fuerza que concibe su vitalidad. Lo siniestro debe estar simbolizado, y en perfecto camuflaje mostrar el mundo del caos; pero más allá, se ve la necesidad de mantener la existencia de la sospecha como generadora de inquietud, porque si lo siniestro se presentará tal cual es, no sería posible resistirlo y destrozaría todo el efecto estético.
Para tener más claridad en la interpretación de lo siniestro es importante verlo dentro de las figuras literarias más próximas, y una de las primeras imágenes con las que se puede unir el término es con el horror narrativo; es por eso por lo que una de las figuras más representativas para tener en cuenta son los cuentos clásicos. Estos por su forma breve son quizás la forma más propicia para poner en público lo que es horroroso y oscuro.
Como señala Umberto Eco en la “Historia de la fealdad”: “el cuento ha estado siempre repleto de horrores capaces de provocar las peores obsesiones infantiles” y cita como ejemplo a “El proceso” de Kafka donde la sospecha se convierte en el personaje principal o "Pinocho" de Collodi, donde las figuras de la noche, escondidas por la penumbra y la ausencia de luz son el agente siniestro que Pinocho reconoce como su más grande horror.
Entenderemos con todo esto, el concepto de lo siniestro, no solo desde la definición dada por Freud o la calidad de categoría estética en la que lo ubica Eugenio Trías, sino que es también ese “desacomodo”, situaciones construidas por el autor en las que no estamos seguros de lo que presenciamos, ese instante que nos incomoda y logra llegar a impactarnos, esa extrañeza en la que aceptamos cosas extrañas, misteriosas y terroríficas en condiciones que antes considerábamos familiares.
Bibliografía.
HOFFMAN, E.T.A. (2004) El hombre de la arena, Ed. JCE, Buenos Aires.
FREUD, Sigmund (1919) Lo siniestro, Ed. JCE, Buenos Aires.
TRÍAS, Eugenio (1992) Lo Bello y lo Siniestro, Ed. Ariel, Barcelona.
ECO, Umberto, (2007) Historia de la fealdad, Ed. Lumen, Barcelona.





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